miércoles, 5 de agosto de 2015


"El lastre" (moraleja)

Alguien le aconsejó soltara lastre.
Eran demasiadas mochilas a su espalda.
Todas tenían nombre y una historia, 
La elección aún más pesada que la carga.
Su andar erguido era equilibrio que sentirse titánico ese peso le daba.
Pero en orgullo y soberbia vinieron los dioses a cebarse,
Jugándole una mala pasada.
Bastó ponerle una pequeña piedra en el camino, y hacer que Goliat tropezara.
Mientras se vió caer no pensó en lastimarse,
Sólo temía dañar la carga.
Ese lastre que le daba equilibrio
hizo de su caída una enseñanza:
No se es más fuerte por llevar más peso.
A nadie vengas obligado a demostrarle nada.

miércoles, 10 de junio de 2015



“Sola”

Habían pasado amaneceres como para olvidarse del olvido.
Despertares helados mirando una ventana.
Noches sin lunas, con lunas menguantes y crecientes
y lunas llenas, pero llenas de nada.
Abandonar una cama sin sábanas revueltas.
Salir de un dormitorio que ya no huele a sexo.
Un armario en el que ahora bailan perchas.
Un baño, desocupado siempre, con un  lavabo al que le sobra un seno.
Veinticuatro horas de un día que hay que seguir viviéndolas.
Horas que de 60 minutos han pasado a tener 60 hastíos y desengaños.
Escaleras que antes bajaban a la vida,
escaleras que hoy sólo sirven para contar peldaños.
Caminando las calles, las de siempre. 
No se escuchan tacones.
Arrastra su pasado, pasea sus recuerdos.
Sola, sin rumbo definido,
Sola, sin saber para qué su salida,
y regresar a casa, 
sola. 
Al abrir, en el holl, ya nunca encuentra flores.







miércoles, 29 de octubre de 2014

"Los Ecos del Miedo"



Si hubiera palabras que al pronunciarlas no tuviesen eco, 
-al borde de cualquier abismo-, 
ahora sería el momento de gritarlas.
Como no las hay..., 
mejor que hable el silencio y el eco entienda lo que le dicte el alma.

Mientras el eco no quiera aceptar que él mismo tiene eco,
y su eco, otro eco que le plagia,
no sabrá que hay más reverberaciones  bordeando otros abismos y,
 pese a sentir miedo....,
 callan.

viernes, 3 de octubre de 2014

"NO QUIERO SALVAS NI FLORES SINO QUE SE HAGA CUMPLIR LA LEY"





Respecto a la "feliz" idea del Sr. Sánchez de llevar laureles y tirar salvas en los funerales de las víctimas de sus parejas, he de aclarar una serie de puntos, porque veo que cuando nos conviene ponemos rápidamente la Constitución encima de la mesa, y cuando no, la metemos en el cajón.
En primer lugar, que tratándose esta lucha de la violencia convivencial en una carrera de fondo que hemos de librar entre todos, me molesta como mujer que por el jurado se me dé ventaja en el pistoletazo de salida, incluso que por los organizadores del evento se pretenda animar a los entrenadores con mayores subvenciones económicas si presentan como participantes a mujeres y no a hombres. ¿Qué tara tengo yo como mujer para tener que cuantificar en más medida mi participación?. ¿Que puedo estar embarazada?. ¿Que lo mismo me llama en mitad de la carrera el colegio del niño porque está con fiebre?. Mire Ud., salvo el embarazo que es un estado natural y que para nada ha de interferir en mis capacidades físicas, el resto de inconvenientes que se me puedan ver no existirían si de verdad la ley me tratase igual que al resto de corredores y no me utilizaran para distinguir dónde la Ley no distingue.
Cierto es que durante mucho tiempo han estado justificados los corredores-hombres en toda trampa contra sus rivales mujeres para ganarles, pero que para evitar esa desigualdad se nos dé ventaja, sólo va a conseguir que los que usaban su fuerza bruta para dejarnos caer en mitad de la carrera vean "confirmada" su supremacía sobre nosotras y que algunas corredoras hagan mal uso de esa concesión.

Si el art. 14 de la Constitución dice que soy igual, es que soy igual, y si el art. 15 del mismo texto legal dice que "todos" tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, no puedo estar por encima de ese "todos". Quiero salir a la par y desde el mismo sitio que mis contrincantes-hombres, correr los mismos metros y saltar idénticos obstáculos, y si alguno me empuja, (o yo le empujo a él), ser sancionados en igual medida. 

Por iguales razones, si perdiese por sufrir la falta de valores deportividad y de educación de un corredor (o de una corredora), no quiero que nadie me suba a un Podium inmerecido ni me entregue medalla alguna, sino que quién ha de vigilar porque esos comportamientos no se produzcan, aplique la ley hasta sus últimas consecuencias.

martes, 15 de julio de 2014

"Mediocridad y Soberbia". (entre el cielo y el infierno).



Piedras, guijarros, cantos rodados que horadan la calma.
Mentiras. 
Voceríos falaces de vacíos postulados que al orador delatan.
Maestros del embauco. 
Aprendices de nada.

Mediocridad y soberbia sobrevolando nubes pese a no tener alas.

Necesitan del foro, del público….., de la luz que da el áurea,
para bañar su ego, para captar adeptos…,
hacedores de camas.
Fondos de armarios que rezuman carcoma,
Callan lo que debieran contar y lo que deben callar, hablan.
Ni Lucifer se atreve mas que a alquilar sus almas.

Mediocridad y soberbia bajando a los infiernos sin estar invitadas.

viernes, 14 de junio de 2013

"A LA FLOR QUE NUNCA FUE"




Y quiso el jardinero que aquélla flor marchitase 

por miedo a que algún paseante la cortara.

Languideció la flor hasta secarse,

 confusa entre hojas desprendidas.

El jardinero, al no hallarla, creyó se la habían robado.  

lunes, 29 de abril de 2013

Con el tiempo detenido



Hay ocasiones en que tu tiempo se detiene. Tú no le has dado permiso para hacerlo, pero él, con la irreverencia propia de lo que te acompaña cual tu sombra, sin pertenecerte, decide echarte el freno. 
Son esos momentos de quietud existencial inesperados e incontrolables los que ponen en evidencia tu insignificancia humana, tu finitud en la infinitud, tu incapacidad de control. 
Alguien o algo está poniendo en hora tu reloj vital sin que supieras que fueras adelantado o atrasado. 
Cuando eso ocurre, por inercia o por mera soberbia, te rebelas, te agitas e intentas demostrar que eres único dueño y señor de tu vida, dando horas en punto a la desesperada y a penas distanciadas por los escasos minutos que el osado intruso tarda en dar una vuelta de esfera a las agujas. 
Agotadas tus fuerzas, vas cediendo al pulso, vas comprendiendo y aceptando que tu obligación es vivir pero que, en ningún caso, esa vida te pertenece, sólo es un préstamo, una cesión temporal, un usufructo o una prenda sin desplazamiento de posesión... Ignoro qué figura legal en nuestro Código Civil serviría para definir tal relación contractual, mas lo que sí sé, con toda certeza, es que no recuerdo cuando, ignoro por qué, rubriqué un pacto vitalicio con tinta indeleble en el que me obligué a aceptar un destino que ya estaba escrito desde que la primera partícula de vida puso en oscilación mi péndulo. Y en la antefirma, ningún nombre ajeno al que culpar de haber obrado sin poder o representación